Un pajarito e Ila
Las historias de un "abuelo"
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Un pajartio e Ila
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Un pajarto e Ila
En unos de mis viajes me contaron la historia de un mundo donde las montañas hablaban y todo se hacía a través de ellas. Me empezaron a contar la historia de una montaña mas bien pequeña pero normal, sin mucha vida en sus laderas, pero tampoco estaban desoladas. Eran seres que decían afables con todas las visitas y protectores con los seres que vivían en ella.
La historia era de esa montaña y un pájaro que se acercó para descansar, para beber agua de un arroyo que empezaba en lo alto de la montaña y también para comer algo del suelo. La montaña lo notó y le preguntó al pájaro que tal estaba, y si el agua y la comida que le ofrecía estaba buena. El pájaro le contestó, entre traguitos de agua, que el agua y la comida eran normal.
La montaña que siempre dudaba de sí misma recordó lo que otras montañas la decían, tranquila Ila, tú eres la más hermosa, la que da el agua más fresca y cristalina y das los brotes mas jugosos de la zona. “Pues a mí me dicen todo lo contrario amigo pájaro, debes de estar equivocado”.
El pájaro siguió con lo que hacia y de repente se paró, y mirando al suelo le contesto, “permíteme con respeto que te diga que y he viajado mucho y que tu agua y comida ni es la mejor ni la peor”. La montaña siguió defendiendo lo que a ella el viento le susurraba todos los días, lo que sus montañas amigas le decían, y contestó al pajarito, ya en un tono más serio, “esa es tu opinión, pero los demás me dicen lo contrario, y me fio mas de ellos que de tu opinión”.
El pájaro al escuchar la respuesta decidió agitar sus alas y tras un pequeño impulso voló de nuevo. Ante esto, Ila le dijo “adiós pequeño pajarito, vuelve cuando quieras”. Ila la montaña se sentía orgullosa de ver como un pájaro que no le decía lo que ella quería escuchar ni lo que los demás la decían, levantaba el vuelo.
Para ella el pájaro la ofendió ya que no le dijo que era perfecta, no le dijo lo mismo que el viento y sus amigas. Su vida decidió hace mucho pero mucho tiempo que solo escucharía a sus amigas, a su viento y a nadie más. Claro que ella escuchaba a los seres vivos que vivían en su ladera como a veces le pedían ayuda como un poco más de agua, o que creciera un valle en una ladera para proteger del viento a algunos seres que se morían por la crueldad de la fuerza del viento. También escuchaba a las águilas pelearse con el viento y como estas la pedían que hablara con su amigo, para que no soplara fuerte.
Ella escuchaba a todos ellos, pero siempre se acordaba cuando al principio de crecer, jugaba con todos ellos y una vez un ser del inframundo le pidió con engaños, y aprovechándose del deseo de contentar a todos que ella tenía, que parará el curso de un rio. Ella no vio el engaño y así lo hizo, y cuando vio la muerte de tantos seres para el beneficio de unas alimañas, cuando vio el engaño, se cabreo y como castigo se agito y he hizo que su cumbre fuera más alta e inexpugnable para todo ser vivo.
Ella aprendió a solo escuchar a esos cuatro seres, a esos seres que le decían las cosas que a ella no le ofendía y si alguna vez lo hacían, lo asumía ya que era de esas personas. Poco a poco se olvido de sus sueños, de su felicidad, de ser parte de la vida de otros, y otros, parte de su vida.
Ila, la montaña, dejo de ser parte de su vida, para ser parte de la vida de esos cuatro seres y cuando a lo largo de la historia alguien se acercaba a ella para ser una parte de su vida, ella ponía escusas como, “soy yo la montaña y tengo un trabajo que no me permite tener amigos”, “ o no me entiendes y solo mis dos amigas las montañas de al lado y el viento lo hacen”, e incluso una vez dijo a un pez en unos de sus arroyos, “que sabrás tu lo que es la vida si solo nadas en un rio, yo veo desde mi cumbre todo hasta casi el infinito”.
Cuando Ila se quedo absorta en sus pensamientos, en sus recuerdos que ella oculto en una profunda cueva, en el peor sitio y más sombrío que ella tenía, al amparo de cualquier fisgón, el pájaro que empezó a volar, tras una mirada de alegría empezó a volar mas alto, voló y voló lo más alto, enfrentándose al viento, a las trampas de Ila y a todo lo que ese mundo le impedía cumplir su objetivo, llegar a la cumbre de Ila.
En unos de los peores momentos, en una tormenta repentina, saco fuerza de su alma, miró otra vez a la cumbre de Ila. Ella se dio cuenta lo que quería el pájaro hacer, y asustada y desconcertada por lo que hacía el pájaro, siguió poniendo tormentas, nieve, viento y agua, para parar a ese pajarito que no sabía porque lo hacía.
El pajarito apenas sin fuerza, apenas ya sin aliento, miro a la cumbre de Ila y sin pensar en desistir, siguió y siguió aleteando sus alas, ya doloridas y dañadas por tanto granizo. Pero como nadie está solo en esta vida, es cuando apareció las águilas que pidieron ayuda en el pasado a Ila, y cogiendo al pájaro con cuidado entre sus patas, y todas a una, aletearon con una fuerza, con una ilusión, con una vida, por encima de cualquier viento huracanado, de cualquier tormenta de granizo, o de cualquier trampa, comentario, o acción que Ila les pusiera.
Cuando después de ese esfuerzo titánico pero que, para las águilas y el pajarito, fue un pequeño paso, estas depositaron al pajarito con cuidado en la cima de Ila y tras das tres vueltas subieron aun más alto, libres de toda tormenta, libres de todo mal, solo disfrutando de las vistas y de volar todos juntos por el hecho simple de volar. Eligieron volar hacia donde estaba la estrella más brillante del cielo y no si antes de escuchar las palabras del pájaro dando las gracias por lo que hicieron. La águila mas pequeña y joven del grupo le contesto de una manera más cálida, más dulce, “gracias a ti por enseñarnos lo que es el sacrificio, lo que es ver debajo de montañas”.
Ila que estaba desorientada y no comprendía lo que estaba ocurriendo, pregunto al pajarito que porque había hecho eso. El pajarito que se estaba limpiando las heridas provocadas por los impedimentos creados por ella para que no se acercara a su cumbre, miro al suelo de la parte mas inexpugnable de Ila, la miro como era y no como ella quería aparentar ser, y con una mirada dolorida por el viaje, un cuerpo cansado, estiro sus alas, se tumbo en el suelo y susurrando a Ila le dijo:
“Tu siempre has visto lo que tu dolor te ha permitido ver, tu solo vives de los regalos de otros, tu te intentas engañar pensando que eres fuerte, como montaña que eres, pero lo que tú no sabes, es que yo vi tu cueva, entre a oscuras en ella, vi tus fantasmas, olí los sentimientos ahogados y escondidos bajo esa mascará de ser libre de sentimientos, yo me acurruqué en lo que es la verdadera Ila”
Ella al escuchar esto se estremeció creando un terremoto en todas las laderas, asustando a unos pocos, pero en otros, les hizo levantar la mirada a la cumbre, y recuperar la esperanza perdida de ver a su amiga, la montaña Ila.
El pajarito siguió cada ve sin más fuerzas física, pero con el corazón alegre, siguió diciendo, “Yo he visto como reías, llorabas por la perdida de sus amigos que vivían en ti, yo he bebido de esa agua que brotaba de tu cumbre, esa agua cristalina, pura, fresca, que te llenaba de vida. Yo he visto como un ser te engañó, te hizo hacer cosas que te dolieron, he sentido tu trauma por ello, he visto con la mirada de todos que vivían en ti, su tristeza a perderte, su amargura por tu dolor, su pena por ver como te encerrabas en ti misma escondiendo una parte esencial de ti”
El pajarito tubo que parar porque le faltaba el aliento, pero las palabras a Ila le hicieron recordar, la hicieron buscar la llave de ese baúl donde estaba sus sentimientos. Ella recordó la calidez, el amor verdadero de sentir el corazón de un ser querido. Pero en ese momento de cambio, de iluminación de la cueva oscura donde había estado, cuando nota que al pajarito herido le quedaban pocas respiraciones de vida.
“Yo siempre te amé, te respeté tus decisiones y me alegro de sentir de nuevo la calidez de tu interior, gracias montaña por hacerme sentir lo que es la vida”. “Pajarito” dijo lla, y ante la no respuesta, chilló más fuerte, “pajarito”, pero no obtuvo respuesta. Ante esto pidió ayuda a los seres que vivían en su ladera para que ayudarán al pajarito y no terminando de pedir la ayuda sintió que llegaron elefantes, leones, jirafas, perros, arañas, águilas, y la mayoría de los seres que vivían, e incluso su amigo el viento en forma de una brisa cálida apareció.
Todos se acercaron al cuerpo sin vida del pajarito, pero, aunque cayeron cascadas de lágrimas, aunque la brisa llevo amargos lloros, todos vieron, todos sintieron que el pajarito murió viviendo en alegría. Ila les pidió que llevaran el cuerpo del pajarito a la entrada de la cueva pero que ella se quedaría con su alma.
Dicen ahora, que si te acercas a esa montaña veras una cueva donde todos se reúnen, hacen fiestas de la vida, donde recuerdan a un pajarito que con su esfuerzo dio luz a una cueva oscura de una montaña. Dicen a los afortunados que van a esa montaña, que verán un árbol hermoso y gigante, que, si te sitúas en su sombra, sientes la tranquilidad, la alegría, la vida.
Dicen que ese árbol nació de la semilla del cuerpo del pajarito, del riego del arroyo de la alegría y a la luz de la cálida luz de la estrella de la VIDA. Y que, si te quedas dormido a su sombra, sueñas con felicidad, amor y en eterna alegría.
Un pajarito se poso en una montaña para beber, comer y descansar, y escucho a la montaña decir, “Hola soy Ila, aquí tienes esta agua, aquí tienes esa comida, se que puede que ser no la mas buenas, pero es lo que te ofrezco con generosidad, amor y alegría.” El pajarito dijo que gracias, que cada agua es diferente, no hay pasto igual, como seres vivos y montañas diferentes, pero ahora esta agua, estas briznas de hierva, saben genial. Gracias por todo”
Después de comer, beber y descansar, ese pajarito y el resto de los seres que VIVIAN en la montaña llamada Ila, hablaban, reían, lloraban por el pasado dolorido, pero siempre en compañía, compañía sin adulaciones, sin engaños, con respeto y con el sentimiento de ser parte de vida de todos, y todos, parte de nuestras vidas.
MORALEJA, no dejes que el dolor del pasado te haga olvidar lo que es la VIDA de hoy. ¿Si una montaña recordó sentir, porque no lo hacemos los demás? Sentir no es malo, sentir nos acerca a los demás, sentir es disfrutar de una caricia, de un susurro, del olor de una rosa, del disfrute de este segundo, sentir nos alega de una fría montaña y nos acerca a la cálida cueva. No permitamos que los traumas, discusiones, de prejuicios basados en el miedo a las respuestas nos opriman, no quedemos sin respuestas a nuestras preguntas, no tengamos miedo al dolor, o dejemos actuar al veneno del miedo a lo que pudiera pasar, no nos encerremos en capas y capas de protección a nuestro corazón y, sobre todo, siempre respira la verdad, de que no estamos solos, y que compartir nos hace mas fuertes. Haz que vivan en ti los demás, como haz que tú, vivas en los demás.